En Galicia pocas cosas hay más típicas de otoño que el magosto. Con nuestros abuelitos nos hemos preparado para asar castañas, cuchillo en mano con mucho cuidado y precaución volvemos a ser niños y disfrutar de aquello que hacíamos con nuestros padres y abuelos, cortar la esquinita de la castaña.
Lo mejor vino después, cuando las sacamos de nuestro cucurucho de papel y comprobamos lo ricas que están las castañas asadas.
