Con motivo de la celebración de San Valentín, el Centro de Día de Marín se llenó de color, ilusión y mucho cariño gracias a una entrañable iniciativa protagonizada por sus usuarios.
Durante los últimos días, las personas usuarias del centro elaboraron postales personalizadas, pintadas y decoradas por ellas mismas, con el objetivo de enviarlas por correo postal a sus familiares y seres más queridos. La actividad, organizada dentro del programa de estimulación creativa y emocional, combinó expresión artística, recuerdos y sentimientos en una experiencia muy especial.
Cada postal se convirtió en una pequeña obra de arte única, llena de detalles, mensajes escritos a mano y dibujos realizados con acuarelas y rotuladores de colores. Más allá del resultado final, el proceso permitió trabajar la motricidad fina, la concentración y, sobre todo, reforzar los lazos afectivos.
Desde el equipo profesional del centro destacan que esta iniciativa no solo fomenta la creatividad, sino también el mantenimiento de los vínculos familiares y la comunicación intergeneracional. “Recibir una carta tradicional tiene un valor muy especial hoy en día”, señalan, poniendo en valor la importancia de recuperar pequeños gestos que fortalecen las relaciones personales.
Los usuarios mostraron una gran implicación y entusiasmo durante toda la actividad, compartiendo historias y anécdotas mientras preparaban sus postales. Muchos expresaron su emoción al imaginar la sorpresa de sus familiares al recibir una carta hecha con sus propias manos.
Con iniciativas como esta, el Centro de Día de Marín reafirma su compromiso con un envejecimiento activo, participativo y emocionalmente enriquecedor, demostrando que el amor y la ilusión no entienden de edad.
